Enfoque Montessori: Libertad y disciplina

“Una señora de la buena sociedad visitaba un día nuestra escuela y, con su mentalidad anticuada, dijo a un niño: Así, aquí hacéis lo que queréis, ¿no?. Y el niño contestó: No, señora, no hacemos lo que queremos, queremos lo que hacemos. El niño sentía la sutil diferencia entre hacer lo que uno quiere y amar lo que uno hace”.

Esta anécdota, vivida hace ya varias décadas, forma parte de uno de los libros más esenciales de Maria Montessori (La mente absorbente del niño). Me lleva a pensar que, al parecer, continúa predominando en nuestra sociedad actual la misma mentalidad anticuada que ella atribuye a la visitante, puesto que aún en nuestros días hay quién define y simplifica su método en una sola frase, sorprendentemente similar: “Esa escuela donde los niños hacen lo que les da la gana”.

Con esta definición suelen venir a decir, de forma implícita, que existe una clara ausencia de límites y que, en consecuencia, sus alumnos son indisciplinados. Esto es comprensible cuando quién lo afirma tiene la habitual convicción de que el niño disciplinado es aquel que obedece a la voluntad del adulto en lugar de a la suya propia, tal como ocurre en la escuela tradicional, donde cualquier tentativa de resistencia es tomada como un capricho y una rebelión.

Sin embargo, la mayoría ignora el hecho de que actuando de tal modo no sólo se obstaculiza el desarrollo de la voluntad del pequeño y se inhibe su expresión sino que además lo conduce a una obediencia sin control cuyo efecto a nivel global resulta seriamente peligroso. Este tipo de obediencia a la que la mayoría nos hemos visto sometidos, lleva a formar una sociedad terriblemente dominada que acaba por obedecer prácticamente cualquier tipo de orden, de un modo casi irracional, sin valorar realmente la justificación y/o consecuencias de la misma. Un claro y estremecedor ejemplo del poder que solemos otorgar automáticamente a aquel que identificamos como la autoridad es el experimento sobre psicología social de Stanley Milgram, que trataba de dar una explicación a grandes guerras y genocidios como el Holocausto. Sus resultados fueron tan inesperados como alarmantes.

Por si no lo conoces ya, te dejo un video sobre este experimento, estoy segura de que te va a impactar:

¿COMO SE GESTIONA, ENTONCES, LA DISCIPLINA EN LAS AULAS MONTESSORI?

Maria Montessori, cuya vida estuvo marcada por la primera y segunda guerra mundial (entre otras), sabía que para mejorar el mundo era necesaria una transformación de la humanidad, evolución que solo podía darse valorando y actuando sobre el verdadero origen de la formación del hombre, es decir, la infancia. Así pues, el objetivo final de su pedagogía nunca fue la simple enseñanza sino una educación definitiva, una educación para la paz.

Ella no buscaba formar criaturas obedientes y sometidas que dieran continuidad a este tipo de sociedad fácilmente manipulable sino educar y acompañar niños libres, capaces y responsables bajo su propia motivación, futuros adultos que hicieran tomar un nuevo rumbo a la tendencia social.

Es por esto que en sus escuelas se respeta la naturaleza del niño y por lo tanto su libertad, porque gracias a la autonomía y al trabajo diario se desarrollará en el pequeño una disciplina saludable, la autodisciplina, gracias a la cual actuará tanto en beneficio propio como de su comunidad, y lo hará de una manera consciente y responsable, sin necesidad de una presencia externa que imponga su propia disciplina.

Pero la doctora sabía que esta voluntad no surge de manera espontánea ni de un día para otro, sino que es fruto del trabajo que la psique del niño realiza a diario gracias a un ambiente adaptado y a la presencia de un adulto preparado que sepa corresponderle y guiarle. Un adulto que observe el proceso con paciencia, respete su desarrollo natural y sea consciente, como ella lo era, de que el niño avanza en su adquisición de la voluntad a través de 3 niveles de obediencia:

  • Primer grado de obediencia: Se da aproximadamente hasta los 3 años, la voluntad del niño es en cierto modo aún inconsciente y depende en gran medida de sus capacidades reales. Obediencia y desobediencia se alternan de forma continuada.
  • Segundo grado de obediencia: La adquisición de consciencia y voluntad sigue su progreso. Puede obedecer los deseos de otra persona siempre y cuando no existan obstáculos derivados de su falta de control.
  • Tercer grado de obediencia: El niño, no sólo puede obedecer sino que además lo hace con gran alegría y entusiasmo, ejecuta con prontitud y ansias por hacer.

Por lo tanto y bajo este conocimiento, entre otros, el adulto sabrá otorgar la justa autonomía a cada individuo en función de sus particulares necesidades y lo conducirá, pasito a paso, hacía la autodisciplina. Tal como escribe la doctora:

“La libertad y la disciplina son dos caras de una misma medalla, porque la libertad científica conduce a la disciplina”.

Pero esa independencia de la que habla Montessori no resulta en modo alguno incondicional, sino que es una libertad bien entendida.

¿COMO SE GESTIONA, PUES, LA LIBERTAD EN LAS AULAS MONTESSORI?

Se trata de una libertad amplia y sin embargo enmarcada por una serie de límites, escasos pero imprescindibles, que no sólo miran el bien común sino que favorecen el desarrollo de la personalidad del niño y su orden mental, así de necesarios son.

Esas normas, además, se aplican tanto a mayores como pequeños y aunque cada ambiente ideará sus propias reglas, todas ellas se fundamentarán en el respeto: A las personas, a los objetos y al entorno.

En consecuencia podemos llegar a pensar que, cuando el niño considera y se comporta conforme a la normativa del ambiente, se encuentra ya en disposición de contar con esa dilatada libertad en la que el adulto asume un papel pasivo y respeta incondicionalmente su ejercicio, sea cual sea, bajo uno de sus principios más fundamentales de la filosofía Montessori: la NO interrupción de las actividades infantiles.

Pero el propósito del adulto no es sencillamente velar por el cumplimiento de los limites establecidos y dejar a los niños hacer sin más, sino detectar cualquier tipo de desviación en el niño que lo lleve a desaprovechar sus energías y capacidades así como los grandes beneficios del ambiente y sus materiales. En referencia a esto, Maria Montessori dijo:

“No temáis destruir el mal: solo tememos destruir el bien”.

Así pues, que el niño se mueva voluntariamente de manera desordenada, presente dificultad para centrar su atención en objetos reales o tenga tendencia a la imitación de los malos actos que presencia, son claros signos de desviación y merecen, sin lugar a dudas, la inmediata intervención adulta, siempre amable pero firme. Así, gracias a su formación y experiencia, el adulto sabrá guiarlo y hacerlo retomar el ejercicio inteligente del que en realidad el niño es dueño por naturaleza.

Llega un momento en que, fruto de la constancia y lecciones individuales que día a día el guía ha ido ofreciendo a los pequeños, el ambiente se torna equilibrado, ordenado y en calma mientras los alumnos trabajan de forma autónoma y concentrada. Esa es la verdadera esencia de estas escuelas, ya que es entonces cuando los niños están realmente en disposición de explotar su independencia y la libre elección de una manera saludable, pues por fin han encontrado a su maestro interior. Y es en ese momento, por lo tanto, cuando acontece la esperada autodisciplina y el adulto puede centrarse únicamente en ofrecer el ambiente adecuado a las necesidades de los niños, retirarse a las sombras y permanecer en la distancia, siempre observador pero disponible.

Como una revelación aparece así la magia de la escuela Montessori frente a quién realmente la sabe apreciar, frente a quién es consciente de que tras esa aparente falta de supervisión y dirección adulta no se da la despreocupación sino al contrario, un arduo trabajo de los guías y asistentes que acompañan y arropan con su presencia, su firmeza y su amor a cada uno de sus alumnos… niños libres, sí, libres, responsables y felices 😉

¡Si te ha gustado, compártelo! 

Y si no quieres perderte nada, síguenos en Instagram y Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *