En busca de la crianza feliz

Hace poco, una conversación con unos buenos amigos (os quiero, guapos :P) me movió, de ella surgió la necesidad de profundizar sobre nuestro estilo de crianza y me llevó, días después, a recorrer mentalmente de nuevo el camino que me llevó a ser la madre que hoy soy y a defender las cosas que defiendo. ¿Como he llegado hasta aquí? ¿Es posible que haya caído en eso que algunos llaman extremismo y que tan poco me suele gustar? ¿Acaso de repente y sin darme cuenta me he vuelto una madre loca y radical encerrada en su mundo ideal? Necesitaba verme con perspectiva, la verdad, así que me puse a pensar…

Crianza respetuosa, consciente, natural, crianza con apego… Todas esas expresiones que de casualidad, no se muy bien cómo ni por qué, se cruzaron en mi camino y hoy no dejan de repetirse en mi entorno virtual (ojalá más en el real). Y yo no puedo dejarlas pasar, no puedo dejar de leer, de escuchar, de informarme una y otra vez, para intentar llevarlo a nuestro hogar.

Pero no porque está de moda, no porque lo dicen los expertos o los bloggers más puestos en el tema sino porque a cada palabra que leo o escucho suele suceder que mi sentido común asiente satisfecho como diciendo: ¡Exacto, ese es el camino! Y yo, le sigo.

Le sigo aunque se que no es un reto fácil, le sigo a pesar de la replica ante enraizados hábitos sociales, le sigo consciente de que no siempre saldrá bien y mientras tanto, trato de derribar la culpa por el camino, que no es buena compañera.

¿Por qué la crianza consciente?

En el sentido literal, busco la definición exacta, «CONSCIENTE – Que siente, piensa y obra con conocimiento de sus actos y de su repercusión». Esta es fácil: Si no te informas vas a ciegas, el instinto y el sentido común ayudan mucho, los millones de consejos, acertados o no, que nos regalan a menudo pueden estar bien, pero la información es poder y hoy en día abunda, así que no hay excusa, sea cual sea tu postura.

En el sentido más amplio de la expresión, me parece que una crianza consciente del hoy, dentro de la actividad desenfrenada que se adueña en nuestro día a día, es de vital importancia. Ser consciente de ese momento en que se encuentra, ese justo momento que es el ahora y no vuelve más, no sólo me parece una de las claves para una crianza plena y satisfactoria sino que es la llave para tratar de disfrutar cualquier circunstancia de la vida.

Crianza consciente maminatura

Además, ver el mundo desde su perspectiva, ser consciente de algún modo de su conciencia, me lleva sin duda a comprender muchas de las situaciones que vivimos y que a veces me desbordan, me ayuda a empatizar, al fin y al cabo, para ser más justa y flexible, aunque no siempre resulte fácil.

¿Por qué la crianza natural?

Simplemente porque confío en la naturaleza, que lleva millones de años demostrando su fuerza, su grandeza y perfección. Y en cuanto a esto, confieso que leer a Maria Montessori me ha abierto de par en par los ojos ante lo evidentemente extraordinaria que es su creación; y es que, día tras día observando a mi peque, no puedo más que asombrarme y reafirmar que el aprendizaje en los primeros años, de hecho el más importante, no es mérito de los adultos (por mucho que nos empeñemos) sino fruto de su evolución natural.Crianza natural - maminatura

Y es un proceso impecable que merece la pena admirar, así que mi opción es ofrecer buen ejemplo, el mejor ambiente posible y disfrutar. Porque ver crecer a un niño, tratando de no intervenir más de lo necesario, es realmente un espectáculo y una maravilla.

¿Por qué la crianza respetuosa?

En primer lugar y al hilo de lo dicho ya, porque confiar en la naturaleza conlleva respetar su desarrollo y por lo tanto, sus tiempos, sus necesidades y su espacio.

Además, porque ser responsable de su cuidado no me hace sentir superior sino simplemente responsable. Los limites existen, las normas están, pero trato objetivamente de diferenciar las que son realmente importantes de las que podemos negociar.

Sencillamente porque el hecho de ser pequeñita no la hace menos persona y merece el mismo respeto que mi pareja, mis amigos, mis vecinos o cualquiera que se cruce en mi camino, a quienes por supuesto estaría muy mal visto que tratara de corregir a golpes, por simbólicos que fueran.

Porque la violencia sólo genera violencia y pegar a los niños además de irrespetuoso y humillante es delito por mucho que a la sociedad le cueste asumirlo aún. Y estoy segura de que llegado a ese límite y bajo el pretexto de educar al niño en realidad ocurre que, movido por la frustración, es el adulto quien ha perdido su equilibrio emocional y esto es algo en lo que sin duda merecerá la pena trabajar.

El resto, y si se hace con premeditación, para mi es un punto de vista francamente equivocado (he visto a una madre decir a su hija «NO SE PEGA» mientras le daba azotes en el culo) o simplemente pura maldad.

Porque ser un buen ejemplo me parece, sinceramente, el mejor camino para inspirar ciertas conductas en lugar de imponerlas y ser su mayor influencia, de hecho me beneficia, ya que consciente de su mente absorbente trato de ser siempre la mejor versión de mi misma.

Finalmente, porque no puedo más que respetar a mi hija, esa que tanto me enseña y por la que soy un poquito mejor cada día.

¿Por qué la crianza con apego?

Lactancia materna, colecho y porteo son tres de las costumbres más relacionadas con este estilo de crianza y si te soy sincera, mi peque ha crecido prácticamente sin ninguna de las tres, así que lógicamente más de una vez me he auto-cuestionado. Me explico:

La lactancia materna fracasó a las pocas semanas y sí, se que podría haberlo hecho mejor pero así sucedió y así lo acepto, sin culpa.

El porteo tampoco triunfó demasiado y la razón fue una mochila no ergonómica que nos regalaron con todo el amor y probablemente el peor asesoramiento. La verdad es que nunca la llevé a gusto, iba incómoda, me hacía daño en la espalda y los hombros. Ahora entiendo el por qué, pero por entonces no conocía tanto el tema y como de todas formas, la peque iba tranquila en el carro (o en brazos) tampoco surgió la necesidad de investigar y buscar mejores soluciones.

En cuanto al colecho, simplemente nos dejamos llevar. Ella siempre ha dormido bien en su cunita junto a nosotros pero de no ser así, hubiéramos pasado más noches en la misma cama, sin problemas. De hecho, seguimos durmiendo juntos siempre que nos apetece (a ella o a nosotros :P)

Todo ello me llevó irremediablemente a cuestionar si realmente estábamos siendo las figuras de apego que pretendíamos ser. Y la respuesta, para mi tranquilidad, es que sí. Que esas prácticas, buenas en cualquier caso, no tienen porqué conllevar una crianza con apego y que su ausencia, por supuesto, no implica que el apego sea inexistente.

Crianza con apego - maminatura

Y que, más allá de eso, el hecho de tratar de anticiparse y satisfacer sus necesidades, el hecho de ofrecer consuelo cuando lo precise y estar presente para brindar el amor y cariño que le hacen sentir segura sí es algo fundamental para crear ese vínculo tan necesario. Trato de ser esa persona en la que confía, con la que sabe que puede contar y por ello, además de su comportamiento en general, estoy segura de que sí, nuestra crianza es también con apego.

La conclusión

Al final, profundicé en muchos estilos de crianza para valorar que es lo que hace, en cada caso, que lo defienda y en qué medida trato de aplicarlo para tratar de responderme… ¿Soy una madre loca y extremista que vive en su mundo ideal? Tal vez haya quién pueda verme así, pero la realidad es que no es así como me siento.

Leo, me informo, cojo aquello que me convence y lo que no, lo descarto. Puede que sea demasiado optimista, que idealice las soluciones óptimas a cada situación y la realidad es que posiblemente queden en algún caso lejos de parecerse. De la teoría a la práctica va mucho trecho, es verdad.

Pero si algo he aprendido de Montessori es a valorar el proceso en lugar del resultado y es que en ningún caso me beneficiará el dejar de intentarlo excusada en la utopía, mientras que el simple hecho de aspirar a conseguirlo me llevará por un camino que me hará mejor, no solo como madre sino como persona. Solo por eso merece la pena intentarlo.

Crianza feliz - maminaturaAsí que sí, yo escojo la crianza consciente, la crianza con apego y natural. Escojo la crianza respetuosa con mi hija y el respeto a las decisiones de los demás en sus crianzas.

Escojo, principalmente, el respeto hacía mi misma porque no creo en el sacrificio ciego y para que mi peque disfrute de una crianza positiva es imprescindible que así la sienta yo también.

Escojo, HOY, criar en la forma en que lo hago porque es lo que HOY funciona en casa. Tal vez si ella no fuera como es, ahora pensaría diferente; puede que mañana ya no piense igual, pero de lo que sí estoy segura es de que, se llame como se llame la manera en que educamos, nuestra meta siempre será aquello que hace que mi hija se sienta bien y con lo que en casa nos sentimos satisfechos, aquello que más pretenda un hogar equilibrado y en calma. Nuestro destino, nuestro horizonte será siempre, si debemos ponerle un nombre, la crianza feliz.

¡Si te ha gustado, compártelo! 

Y si no quieres perderte nada, síguenos en Instagram y Facebook

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *